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Concierto vespertino 30 enero 2019: Segundo Concierto Sinfónico de la Orquesta de Cámara de Chile

Este concierto dirigido por el gran maestro David del Pino Klinge comienza con una obra de Gabriel Fauré, Pavane, que el mismo Director califica como de gran emotividad, con un lenguaje sereno de armonía tradicional que crea un clima de tranquilidad. Agrega Álvaro Gallegos, que el período entre 1886 y 1887 fue uno de los más fructíferos para Fauré, ya que compuso sus dos obras más conocidas hoy en día: el Requiem y la Pavane. Esta última esta inspirada en la pavana, antigua danza cortesana de moda durante el Renacimiento. Sobre las cuerdas bajas en pizzicato se desenvuelve  la melodía principal, presentada inicialmente por las maderas, para pasar a toda la sección de cuerdas. A continuación, de acuerdo al compromiso de incluir compositores chilenos, interpretan Nguillatuwe, que describe del Pino como una rogativa donde la esperanza y la luz triunfan utilizando una voz áspera en emotividad religiosa; una obra de contención, de solos que producen emoción y describen el clima del sur de Chile donde prima la lluvia y el viento.  El autor, Rafael Díaz, se encontraba presente y subió al escenario a recibir los aplausos. Complementamos en las palabras de Álvaro Gallegos, que explica que el título en mapudungún significa lugar de rogativa.  Escribe el compositor sobre su pieza: «Implica un lugar descampado, en plena naturaleza araucana. La oración mapuche se funde con esta intemperie que la acoge y la contempla. La obra hace oír el sonido de esta rogativa dicha para el viento y los elementos.  Es una obra de comunión con aquel panteísmo de la religión mapuche, en la que Dios y la naturaleza son una sola unidad.»

Después del intermedio, escuchamos la Sinfonía N° 7 de Beethoven, que el maestro del Pino califica como una Sinfonía dinámica, plena de elementos energéticos, en que volvemos al Beethoven juvenil. La introducción del primer movimiento refleja una alegría contenida, el alegretto se abre como una flor, alegría con balance.  Es una producción musical sublime.  Agregamos en palabras de Álvaro Gallegos. «Wagner llamó a esta obra «la apoteosis de la danza», y esta cita sin duda inspiró el hecho que la obra haya servido de base a coreografías en innumerables oportunidades. Pero se trata de una creación netamente abstracta, en el sentido de que no posee un programa extramusical descriptivo o narrativo. O quizá el compositor sí lo tuvo en mente, pero nunca lo sabremos. La Séptima Sinfonía da un paso más allá de las convenciones formales definidas por el clasicismo, tanto al estirar las armonías al límite de las probabilidades del sistema tonal, como también en cuanto a forma. Nótese lo inusitadamente larga que es la introducción lenta al primer movimiento.  También es inusual que el movimiento «lento» sea un alegretto. Este fragmento, que es alma de la obra para muchos, es como una especie de marcha que sirve como una contraparte esperanzadora.» 

Fotografía: Osvaldo Guerrero Águila. 

«La propia Orquesta de Cámara fue un triunfo, y Del Pino, un tremendo Director, uno de los mejores disponibles en América Latina.  Dirigió con maestría estas obras maestras que «relucieron gracias a un tratamiento de joyería.  Los repidantes tiempos aplicados por Del Pino, más la agudeza con que manejó los volúmenes resultaron en interpretaciones rayando lo sublime. » (Álvaro Gallegos, ADN). 

El maestro Del Pino ha sido Director musical de numerosas orquestas tanto en Europa como Latinoamérica.  Desde su debut a los 20 años frente a la Orquesta Sinfónica Nacional del Perú, su carrera se ha destacado por el apoyo a compositores regionales y la formación de nuevos directores de orquesta. Académico de la Universidad de Chile hasta 2013, es además Profesor Honorario del Conservatorio Nacional del Perú y miembro de la Academia Chilena de Bellas Artes. 

En esta ocasión dirige la Orquesta de Cámara de Chile, que nace en la década de 1950 al alero del Ministerio de Educación.  Actualmente es dependiente del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio.  En 1982 es reestructurada por el maestro Fernando Rosas, quien inicia su profesionalización, además de impulsar la consolidación de lo que en la actualidad son las orquestas juveniles e infantiles.  Como elenco estatal se denomina Orquesta de Cámara de Chile desde 1991.  Sus 33 integrantes son destacados intérpretes de música docta, lo que permite exhibir un nivel artístico indiscutible  dentro y fuera del país, cumpliendo con el propósito de aumentar el acceso a expresiones musicales de excelencia a la población más vulnerable y/o en aislamiento territorial. 

La presentación en las 51 SMF 2019 es gentileza del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimionio.  

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